Los alimentos funcionales son aquellos que, más allá de su función nutritiva, tienen acciones fisiológicas beneficiosas para el organismo y contribuyen a reducir el riesgo de contraer enfermedades crónicas. Alimentos naturales y de diseño que se convierten en armas terapéuticas y en objetivo de la investigación.
Son alimentos de diseño: “Sobre la base nutricional de un alimento convencional se añade, modifica, sustituye o reduce algún nutriente o elemento que hace que este producto, que tiene una función nutritiva, organoléptica o gastronómica convencional, tenga una función en relación con alguna parte de nuestro organismo, un elemento diana muy preciso”, explica el presidente de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria, Javier Aranceta.
Alimentos para cada etapa
Los alimentos funcionales pueden ser especialmente útiles en determinadas etapas de la vida como la infancia y adolescencia, periodo de desarrollo que necesita un aporte adecuado de nutrientes.
Así, son importantes alimentos que proporcionen calcio, vitamina C o vitamina D para el desarrollo esquelético; ácido fólico para el desarrollo del tubo neuronal, antioxidantes, ácidos grasos omega-3 y omega-6 y prebióticos para la función inmune; o hierro, zinc o yodo, además de ácidos omega 3 y 6, para el desarrollo cognitivo y psicomotor.
Si en las primeras etapas de la vida los alimentos funcionales están más orientados a mejorar el estado de salud, en la edad adulta la ingesta de estos nutrientes puede contribuir a prevenir enfermedades con el control, por ejemplo, de la tensión arterial, el colesterol o el peso corporal.
Para la obesidad
Precisamente para ayudar al control del sobrepeso y la obesidad el mercado ofrece alimentos funcionales con determinados ingredientes como:
- Edulcorantes bajos en calorías en productos light
- Elementos saciantes como la fibra
- Alimentos modificados en su perfil graso
- Alimentos con acción termogénica como el ácido linolénico conjugado (CLA)
- Algunos probióticos
- Inhibidores de la absorción de azúcares
La obesidad es solo un ejemplo del recorrido que pueden tener los alimentos funcionales en la salud. Un campo de investigación para la industria alimentaria con miras al presente pero sobre todo al futuro.
“Cada vez vamos conociendo nuevos minerales y elementos y podemos tener más ayudas para la prevención y promoción de la salud. El alimento será visto como un arma terapéutica. Es posible incluso que, en poco tiempo, nuevos alimentos sean utilizados como vacunas, al introducir nuevos antígenos capaces de inmunizar”, apunta esperanzado el presidente de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria.



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